Por Darío Hernán Irigaray
Director Vaca Muerta News
Cobertura Especial desde Houston
En Houston, durante el encuentro global, Daniel González sostuvo que Argentina enfrenta un punto de inflexión a partir de la convergencia de factores económicos, productivos y geopolíticos que la reposicionan dentro del mapa energético internacional.
El funcionario explicó que este nuevo escenario responde a tres factores que hoy coinciden: la reorganización macroeconómica impulsada por el gobierno nacional, la madurez alcanzada por Vaca Muerta y un contexto global donde la seguridad energética y la competitividad volvieron a ocupar un rol central.
En ese marco, remarcó que el potencial del país ya no está centrado en la exploración sino en la expansión productiva. “Tenemos 100 años de recursos de petróleo y 200 años de gas natural. Hoy se trata mucho más de desarrollo que de exploración”, afirmó. Según detalló, el foco está puesto en extender los límites del yacimiento, donde áreas que se consideraban marginales han demostrado niveles de productividad iguales o superiores al núcleo.
Al analizar las oportunidades concretas, señaló que existen alternativas tanto en upstream —con inversión en compañías que cotizan en bolsa, empresas privadas y el ingreso de nuevos operadores— como en servicios, donde identificó una brecha clara. “Tenemos empresas de primer nivel, pero no contamos con un segundo nivel desarrollado; hay una gran oportunidad ahí”, sostuvo.
También puso el foco en el midstream, especialmente en petróleo, donde advirtió que aún no existe como negocio independiente en Argentina. Actualmente, son los propios operadores quienes financian la infraestructura, una lógica que —según explicó— no resulta sostenible en el largo plazo y abre espacio para nuevos esquemas de inversión.
A esto se suma el frente minero, donde destacó el crecimiento del litio y el potencial del cobre. En este último caso, señaló que los proyectos en marcha podrían llevar la producción a entre 1,5 y 2 millones de toneladas anuales en los próximos cinco a siete años.
En paralelo, González planteó los principales desafíos. El primero es reconstruir la confianza tras “20 años de hacer las cosas mal”, un proceso que —según reconoció— llevará tiempo. A esto se suma un costo de capital todavía elevado y una limitación financiera de los operadores locales, que hoy concentran gran parte de la actividad.
En ese punto, marcó que esa restricción también representa una oportunidad para nuevos inversores. “El capital puede ser la mayor limitación para acelerar el desarrollo, pero también es una oportunidad para que entren otros jugadores”, afirmó.
Desde el plano regulatorio, indicó que no percibe obstáculos relevantes como en el pasado, destacando la eliminación de restricciones cambiarias y el avance en la desregulación de los mercados energéticos. Sin embargo, reconoció que la carga impositiva general sigue siendo alta.
Para compensar ese escenario, explicó el funcionamiento del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que contempla beneficios fiscales como reducción del impuesto a las ganancias, eliminación del IVA sobre inversiones, exención de aranceles de importación y de derechos de exportación, además de un esquema de estabilidad fiscal y regulatoria por 30 años.
“El programa ya cuenta con cerca de 40 proyectos presentados y estimamos que podrían sumarse entre 15 y 20 más antes de su finalización”, indicó.
“El tiempo es el mejor remedio para reconstruir la confianza”, concluyó González, sintetizando el principal desafío que enfrenta Argentina para consolidarse como un destino competitivo en el escenario energético global.
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