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VACA MUERTA

El modelo Permian: una hoja de ruta para que Vaca Muerta acelere su desarrollo

La experiencia de la cuenca estadounidense muestra cómo la colaboración estratégica entre empresas, gobierno y comunidad puede superar los cuellos de botella que enfrenta la formación neuquina. Se prevé que para el 2030 hagan falta 240.000 trabajadores.

Por Ariel Bosio
Vicepresidente y Cofundador
Cámara de Comercio Argentino Texana

La explotación de petróleo y gas no convencional surgió casi simultáneamente hace unos quince años, tanto en Vaca Muerta como en la cuenca del Permian Basin. En 2024, la formación neuquina alcanzó una producción de 520.000 barriles diarios de petróleo, mientras que en el Permian esa cifra fue doce veces mayor: seis millones de barriles por día.

Esta diferencia en la velocidad de desarrollo responde a múltiples factores: el marco regulatorio, las condiciones macroeconómicas, el acceso al financiamiento, y las capacidades tecnológicas, logísticas y de abastecimiento. Sin embargo, el Permian también debió enfrentar —y continúa enfrentando— muchos de los cuellos de botella que hoy comienzan a evidenciarse en Vaca Muerta. Por eso constituye un espejo valioso y una fuente de aprendizaje sobre cómo transformar un potencial energético en desarrollo sostenible.

Entre los principales desafíos compartidos sobresalen dos: la disponibilidad y calificación de los recursos humanos —se estima que Vaca Muerta requerirá unos 240.000 trabajadores adicionales hacia 2030— y la infraestructura social y productiva necesaria para sostener la expansión: rutas, servicios logísticos, redes energéticas, conectividad e infraestructura hídrica.

La experiencia del Permian demuestra que estos problemas son demasiado complejos para resolverse con esfuerzos aislados. Su respuesta fue colectiva: construir una visión estratégica de largo plazo, priorizar la asociatividad y gestionar con profesionalismo y gobernanza transparente. Así nació, en 2019, el Permian Strategic Partnership (PSP), una alianza de las principales operadoras estadounidenses con financiamiento propio, metas concretas y un tablero público de resultados. Su objetivo: colaborar en el desarrollo integral de la región, mejorar la calidad de vida y fortalecer la competitividad industrial.

Actualmente, el PSP reúne a 28 miembros, entre ellos operadoras, empresas midstream, proveedores y dos universidades de Texas. No reemplaza las iniciativas privadas o públicas existentes, sino que las complementa y potencia. Su gestión se apoya en planificación, ejecución conjunta, auditorías externas y comunicación transparente.

En sus seis años de trayectoria, el PSP invirtió US$ 184 millones en proyectos comunitarios y logró atraer US$ 1.800 millones adicionales en inversiones colaborativas. Los resultados son tangibles: más de US$ 80 millones destinados a educación —mejoras en escuelas, liderazgo docente y formación técnica—, US$ 63 millones en salud —expansión de hospitales, programas de enfermería y residencias médicas—, US$ 11 millones en seguridad vial —con programas como HERO para reducir accidentes—, y US$ 2,4 millones en investigación y análisis de datos para orientar decisiones basadas en evidencia.

Cada iniciativa responde a una lógica común: fortalecer el entramado social y productivo para mejorar la competitividad industrial. En su informe anual 2024, el PSP reportó más de US$ 31 millones invertidos solo este año en educación, salud, desarrollo laboral y seguridad. El modelo demostró que la colaboración intersectorial reduce riesgos, acelera soluciones y amplía la licencia social para operar.

El Permian logró medir los resultados: menor siniestralidad, más técnicos certificados, mejor retención médica y docente, y mayores estándares de infraestructura. Su experiencia muestra que anticipar la inversión en capital humano y social antes de que los cuellos de botella limiten el crecimiento es clave para consolidar la competitividad y la riqueza regional.

Vaca Muerta enfrenta hoy una coyuntura similar. Es alentador el compromiso de todos los actores en promover la responsabilidad social, el diálogo y la articulación de proyectos comunes. Pero, dada la escala, urgencia y complejidad del desafío, es clave continuar potenciando y profundizando aún más las sinergias para resolver temas estratégicos y maximizar el impacto a largo plazo. El modelo del PSP ofrece una hoja de ruta para articular esfuerzos entre industria, academia y sociedad civil, acelerando el desarrollo y transformando el potencial energético argentino en prosperidad sostenible.

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