En 2013, en Caleta Olivia, los ingenieros en telecomunicaciones Guillermo López y José Allende decidieron enfrentar un desafío que pocos querían asumir: llevar conectividad a los rincones más inhóspitos de la Patagonia. Así nació Bayron, una empresa que pasó de montar redes y sistemas de seguridad a liderar el tendido y mantenimiento de fibra óptica en condiciones extremas.
La apuesta dio resultados. En poco tiempo, Claro confió en Bayron para mantener su red en algunos de los entornos más exigentes del país. El salto fue inmediato: cuadruplicaron personal y flota en apenas una semana, invirtieron en tecnología y capacitación, y forjaron una cultura de trabajo donde el viento, el frío y la distancia son parte de la identidad. Hoy sostienen más de 7.500 kilómetros de fibra óptica que cruzan la Patagonia de cordillera a costa, enlazando ciudades, pueblos y torres que aseguran la comunicación de miles de personas y empresas.
El crecimiento llevó a la firma a instalarse en Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn, Trelew, Las Heras, Bariloche y Viedma. En 2018 llegó a Neuquén, donde encontró su mayor impulso de la mano de Vaca Muerta, acompañando la creciente demanda de conectividad del sector energético y el Oil & Gas.
Además de sus alianzas con Claro y ARSAT, Bayron amplió su campo de acción hacia los parques eólicos, el despliegue de redes OPGW en alta tensión y la conexión de pads, plantas y ductos para compañías como Vista, Shell e YPF. También realiza monitoreo, detección de fallas y reparaciones, garantizando la continuidad de servicios críticos en áreas donde detenerse no es una opción.
La empresa creó una división de alta especialización en mediciones ópticas, siendo una de las pocas en el país capaz de realizar enlaces de hasta 260 kilómetros y análisis de espectro óptico (OSA) para redes DWDM, un servicio esencial para interconexiones de alta complejidad.
En un mundo donde la fibra se entierra bajo ciudades o cruza continentes, Bayron eligió la Patagonia para demostrar que la tecnología también puede ser extrema. Y en ese desafío, encontró su lugar en el corazón de Vaca Muerta y en el desarrollo de la infraestructura que sostiene al sur energético argentino.
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