Por Darío Hernán Irigaray
Director Vaca Muerta News
El Banco Provincia del Neuquén arrastra desde hace años un problema estructural que ya no puede disimularse: su modelo de Banca Empresas está desconectado de la realidad cotidiana de las pymes que dice acompañar. No se trata de errores aislados ni de fallas puntuales del sistema, sino de una concepción burocrática que prioriza el control interno por sobre la eficiencia operativa.
Para una pyme neuquina, operar con el banco implica convivir con procesos lentos, validaciones innecesarias y una lógica administrativa que consume tiempo productivo. Abrir una cuenta, modificar límites, aceptar pagos, endosar cheques o realizar gestiones simples se transforma en un circuito engorroso que exige paciencia, dedicación y resignación.
La digitalización, lejos de simplificar, agregó capas de complejidad. La plataforma de Banca Empresas no está pensada como una herramienta de trabajo, sino como un sistema de pasos obligatorios que no dialogan entre sí. Funciones básicas están mal resueltas, la experiencia de usuario es poco intuitiva y muchas operaciones requieren validaciones cruzadas que no aportan valor.
Un ejemplo claro de esta ineficiencia es la operatoria con cheques endosados. En un contexto de inflación en baja, las empresas volvieron a utilizar el cheque como una herramienta de financiación propia y sin costo financiero. Hoy es habitual aceptar valores a 60, 90 e incluso 120 días, lo que permite ordenar flujos, financiar capital de trabajo y cumplir compromisos sin recurrir al crédito bancario.
Sin embargo, el banco parece no haber advertido este cambio de escenario. Cuando una empresa recibe cheques, el primer paso es aceptarlos desde la plataforma web de Banca Empresas. Hasta ahí, podría tratarse de una tarea administrativa simple. Pero el sistema obliga a una validación adicional mediante un token generado desde la aplicación móvil.
Aquí surge la primera contradicción: la app móvil no permite gestionar cheques. No muestra carteras, no deja administrar valores ni realizar operaciones. Su función se limita a generar tokens. Es decir, el usuario debe ingresar a la web para operar y luego al celular solo para autorizar, duplicando pasos sin ningún beneficio concreto.
Una vez aceptados los cheques, si la empresa quiere organizarlos correctamente, debe pasarlos a custodia para que se depositen automáticamente en su fecha de vencimiento. Este proceso se realiza cheque por cheque, de manera manual, sin herramientas que permitan una visión global de la cartera ni una gestión ágil por fechas o montos.
El problema se profundiza cuando la empresa necesita utilizar esos cheques para pagar a un proveedor. En una operatoria lógica, el sistema debería permitir seleccionar varios valores, ver el total acumulado y ajustar hasta alcanzar el monto acordado. Nada de eso ocurre.
El usuario debe recorrer manualmente la cartera, cheque por cheque, sin posibilidad de selección previa ni totalización automática. No hay asistencia, no hay simulación, no hay herramientas financieras básicas. La plataforma no ayuda a decidir ni a operar mejor; simplemente muestra información de manera fragmentada.
Si los cheques elegidos están en custodia, deben ser recuperados uno por uno. Seis cheques implican seis ingresos distintos, seis acciones repetidas y múltiples validaciones. Recién después de ese proceso innecesario el sistema permite seleccionar los valores para endosarlos.
El endoso en sí también exige nuevas validaciones con token. Cada operación requiere uno distinto, incluso cuando se trata de acciones encadenadas realizadas en pocos minutos. El sistema no permite autorizar un conjunto de tareas relacionadas con una sola validación, lo que multiplica los tiempos muertos.
A esto se suma un detalle no menor: el token tiene una validez de menos de dos minutos. Si el usuario se demora, atiende una llamada o interrumpe la operación, el token vence. Hay que generar otro, volver a ingresar al celular, validar nuevamente y retomar el proceso. Seguridad, sí, pero sin ningún criterio operativo.
Una vez completado el endoso, la plataforma genera un comprobante escaso de información, poco útil para el proveedor. Y si el usuario no lo descarga en ese momento, luego obtenerlo vuelve a ser una tarea compleja, poco clara y nada amigable.
Todo este recorrido no agrega seguridad real ni control adicional. Solo suma tiempo perdido. Horas que no se destinan a producir, vender o gestionar, sino a pelear con un sistema que debería facilitar el trabajo y hace exactamente lo contrario.
El problema se agrava si se observa el perfil del entramado productivo neuquino. La mayoría de las pymes son pequeñas, muchas unipersonales, sin estructuras administrativas grandes. Necesitan agilidad, previsibilidad y herramientas simples. El banco, en cambio, parece diseñado para empresas grandes, con departamentos administrativos que puedan dedicar recursos exclusivos a cumplir trámites.
En un contexto donde Neuquén se apoya fuertemente en Vaca Muerta y en su red de proveedores, la ineficiencia bancaria no es un detalle menor. Cada demora y cada obstáculo administrativo se traduce en costos ocultos, pérdida de competitividad y desgaste para quienes sostienen la actividad económica diaria.
Hoy el responsable político directo del Banco Provincia del Neuquén es el gobernador Rolando Figueroa, quien a fines de 2023 designó como presidente de la entidad al contador Claudio Gabriel Bosco. En ese mismo esquema de conducción, impulsó la designación de su hija, la abogada Camila Figueroa Vinassa, como síndica del banco, una decisión que generó fuerte repercusión en la opinión pública y que el propio mandatario debió salir a defender.
La discusión no fue menor ni anecdótica. Cuando un banco provincial, propiedad del Estado, es presentado como herramienta central del desarrollo económico, su conducción y sus decisiones forman parte del debate público. Más aún cuando los resultados concretos no acompañan el discurso.
Antes de llegar al poder, el propio gobernador afirmaba que “el BPN tiene que ocupar un rol clave en el desarrollo de toda la provincia, tenemos que tener un banco de promoción, donde el productor pueda golpear la puerta y sepa que va a tener una respuesta”. Esa definición marcaba una expectativa clara: cercanía, agilidad y acompañamiento real al entramado productivo.
Hoy, casi dos años después, esa promesa no se refleja en la operatoria cotidiana. Las pymes neuquinas no encuentran un banco de promoción, sino una banca empresa burocrática, lenta y desconectada de sus necesidades reales. El productor puede golpear la puerta, pero la respuesta suele llegar tarde, fragmentada o diluida en formularios, tokens y trámites que no resuelven.
Entre las acciones más visibles encaradas por el banco en este período se destacan la decisión de sostener la pauta publicitaria en los principales medios de la provincia y una inversión en un sutil cambio de imagen institucional. A eso se sumó la compra de nueva indumentaria para su personal, con un color renovado que buscó transmitir modernización puertas afuera.
El problema es que mientras se actualiza la estética y se cuida la presencia publicitaria, la experiencia real de las pymes dentro del banco sigue atrapada en procesos lentos, burocráticos y poco funcionales. La imagen cambia, pero el sistema no. Y cuando la prioridad parece estar puesta en lo que se ve antes que en lo que funciona, el mensaje hacia el sector productivo resulta tan claro como incómodo.
Quejarse tampoco es sencillo. Los ejecutivos de cuenta de la Banca Empresas suelen mostrar buena predisposición y trato cordial, pero tienen escaso margen de resolución. La respuesta habitual es derivar el reclamo a un formulario web que obliga a cargar nuevamente todos los datos de la empresa y limita el espacio para explicar problemas complejos.
El reclamo queda reducido a pocas líneas, como si se tratara de un inconveniente menor. La promesa de una llamada posterior rara vez se traduce en soluciones concretas. En muchos casos, el único camino es insistir por correo electrónico, copiando al ejecutivo para dejar constancia del intento de obtener una respuesta real.
El discurso institucional habla de cercanía, desarrollo y acompañamiento a las pymes. La práctica diaria muestra lo contrario: una banca empresa lenta, rígida y desconectada del presente productivo. Cuando un banco provincial no facilita, sino que complica, deja de ser una herramienta de desarrollo.
No se trata de apuntar a una persona ni a una gestión puntual, sino de un modelo agotado que necesita una revisión profunda y urgente. Mientras eso no ocurra, el Banco Provincia del Neuquén seguirá quitándoles tiempo a las pymes, el recurso más valioso que tienen, sin ofrecer a cambio un servicio eficiente y acorde a la realidad que dice defender.
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