Por Darío Hernán Irigaray
Director Vaca Muerta News
Neuquén atraviesa uno de los momentos de mayor dinamismo comercial de su historia. El crecimiento demográfico, la expansión urbana y el impacto directo de Vaca Muerta están transformando la matriz económica de la ciudad. Las marcas quieren estar. El problema es que muchas veces no encuentran dónde instalarse.
En los últimos años el desembarco de cadenas nacionales e internacionales se volvió constante. La capital neuquina dejó de ser una plaza secundaria para convertirse en un mercado estratégico dentro del mapa argentino. El consumo crece, el flujo de personas aumenta y el poder adquisitivo vinculado a la industria energética reconfigura la demanda.
Cadenas como McDonald’s abrió el año pasado un nuevo local en el oeste de la ciudad, consolidando su presencia en la capital. Mostaza también profundizó su expansión y ya cuenta con 6 locales en funcionamiento, incluyendo su último desembarco sobre la Ruta 22, en un espacio de gran superficie pensado para alto tránsito vehicular. Las cadenas analizan ubicación, accesibilidad y estacionamiento con un criterio cada vez más profesionalizado.
En el aeropuerto internacional de Neuquén, la llegada de Juan Valdez con dos locales —uno en el hall público y otro en el sector de embarque nacional— marca otro síntoma de consolidación. La inversión fue impulsada por socios locales en articulación con Aeropuertos Argentina y el representante de la marca en el país. La apuesta se explica en números: más de 1,2 millones de pasajeros durante 2025 y un crecimiento del 23%. El aeropuerto dejó de ser solo una terminal aérea y se convirtió en plataforma comercial.
Pero no todas las marcas que miran a Neuquén han concretado su desembarco. Fuentes del sector inmobiliario aseguran que cadenas gastronómicas reconocidas continúan evaluando alternativas de ubicación y analizando el mercado local. El principal desafío es la disponibilidad: faltan grandes superficies en zonas estratégicas y los espacios que aparecen se ocupan rápidamente.
Faltan metros comerciales. Y los que existen están caros.
En el centro de la ciudad, según referentes del sector inmobiliario, ya se escuchan valores que oscilan entre 10, 20 o hasta 30 millones de pesos mensuales para locales bien ubicados. En contratos dolarizados, los números pueden ir de 7.000 a 20.000 dólares por mes según superficie y ubicación. Son cifras que comienzan a compararse con corredores comerciales tradicionales de grandes capitales, algo impensado para Neuquén hace apenas unos años.
El impacto es evidente: comercios históricos no logran sostener renovaciones contractuales y deben cerrar, mientras cadenas con mayor respaldo financiero pueden absorber esos costos. El recambio comercial no es casual, es estructural. El crecimiento genera oportunidades, pero también desplaza.
Ante la falta de oferta disponible, algunas empresas optaron por construir sus propios espacios. El sector automotor es un ejemplo. A fines del año pasado, la marca china BAIC abrió un concesionario sobre Avenida Mosconi, mientras que otras firmas amplían instalaciones o desarrollan edificios a medida cuando no encuentran superficies adecuadas en el mercado. El parque automotor crece al ritmo de la actividad económica y obliga a repensar también la infraestructura comercial asociada.
La ciudad, sin embargo, sigue operando con una estructura de centros comerciales limitada. Hoy Neuquén cuenta con el Alto Comahue Shopping, perteneciente a IRSA; el complejo Portal Patagonia, que integra Jumbo y Easy bajo la órbita de Cencosud; y el Paseo de la Patagonia de La Anónima, de menor escala. Incluso fuera de horarios pico, estos espacios muestran señales de saturación, especialmente en materia de estacionamiento. Encontrar lugar no siempre es sencillo y los perímetros suelen estar colmados de vehículos.
En paralelo, comienzan a desarrollarse proyectos que buscan aliviar esa presión. En el acceso norte de la ciudad, Ruta Provincial 7 hacia Diagonal 9 de Julio, avanza la construcción de un Polo Gastronómico que incluirá un estacionamiento subterráneo con capacidad para aproximadamente 800 vehículos y un complejo con 4000 metros cuadrados destinados a restaurantes y actividades culturales. Es una respuesta concreta al déficit de infraestructura comercial de escala.
Además, se confirmó en estos días la construcción de un nuevo estacionamiento en altura en el sector del Parque Central, detrás de los Arcos Romanos sobre Avenida Olascoaga, con capacidad para cerca de 500 vehículos. El proyecto no solo apunta a resolver la histórica falta de estacionamiento en el centro, sino también a incorporar espacios gastronómicos, una terraza verde con roof bar y una confitería, integrando movilidad y ocio en una superficie superior a los 16.000 metros cuadrados.
La demanda gastronómica también expone el crecimiento. Hoy salir a comer en Neuquén, si uno no quiere esperar, implica reservar. Algo que años atrás no era habitual. Restaurantes llenos en días de semana ya no sorprenden. Sin embargo, la cantidad de parrillas tradicionales es limitada y la oferta de gastronomía de alto nivel continúa concentrada en pocos espacios, muchos de ellos vinculados a hoteles de categoría.
La ciudad crece más rápido que su infraestructura comercial. Ese es el punto.
Las marcas quieren aterrizar en Neuquén porque el mercado responde. La economía vinculada a Vaca Muerta genera consumo, movilidad y circulación de capital. Pero si no se desarrollan nuevos centros comerciales, corredores planificados y superficies de gran escala, el crecimiento comenzará a chocar contra su propio techo.
El desafío ya no es atraer inversiones. El desafío es generar el espacio físico que permita sostenerlas. Porque en Neuquén las marcas están listas para aterrizar. Lo que falta es pista suficiente.
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