Por Darío Hernán Irigaray
Director Vaca Muerta News
El Neuquén Arena fue anunciado por el intendente de la ciudad de Neuquén, Mariano Gaido, el pasado 15 de febrero, durante la apertura de sesiones ordinarias en el Honorable Concejo Deliberante.
El Arena forma parte de un plan más amplio que Gaido describió como “el año de la transformación histórica”, orientado a consolidar a Neuquén capital como una ciudad moderna con infraestructura de alto nivel.
Quienes hemos participado en la Offshore Technology Conference (OTC) en Houston, Texas, sabemos que la infraestructura no es un detalle: es parte estructural del evento. Allí no se improvisa. La organización descansa sobre un campus diseñado para operar con escala internacional y absorber flujos masivos sin colapsar la ciudad.
La OTC se desarrolla dentro del centro de convenciones del complejo NRG Center, que integra el NRG Park, un predio de aproximadamente 142 hectáreas con capacidad para estacionar cómodamente 26.000 vehículos. En ese mismo espacio se encuentran el NRG Arena, utilizado en ocasiones para sumar expositores, y el NRG Stadium, destinado a grandes eventos.
El NRG Stadium cuenta con una capacidad aproximada para 72.000 espectadores y es uno de los recintos multipropósito más importantes de Estados Unidos. Allí se han desarrollado eventos de gran magnitud como la Copa América Centenario, el Super Bowl de la NFL y conciertos internacionales de primer nivel. Además, será sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
El complejo NRG Park se ubica a unos 11 kilómetros del centro administrativo de Houston, donde confluyen autopistas, transporte público y tren ligero. Esa escala permite que decenas de miles de personas ingresen y se retiren ordenadamente. Movilidad, seguridad y operación funcionan como un engranaje integrado.
Esa es la diferencia entre tener un predio y tener un modelo. No se trata solo de un edificio grande, sino de un sistema pensado para que funcionen los accesos, el estacionamiento, la seguridad y la logística sin colapsar la ciudad.
Todo esto lo menciono porque el crecimiento de Vaca Muerta obliga a mirar cómo se planifican los grandes polos energéticos del mundo. Cuando una actividad alcanza escala internacional, la infraestructura deja de ser un complemento y pasa a ser una condición básica de funcionamiento.
Por eso se debe pensar en un gran predio, en un estadio acorde y en una infraestructura vial que acompañe el crecimiento metropolitano. Incluso en soluciones estructurales de transporte que permitan absorber grandes flujos sin paralizar la ciudad. Hay que soñar en grande, pero sobre todo planificar en grande.
Para quienes conocen Neuquén, la experiencia actual es distinta. No existen muchas opciones, y menos adecuadas.
El Estadio Ruca Che, inaugurado en 1995 y con capacidad para alrededor de 6.000 personas en formato deportivo y hasta 10.000 en recitales, cumple su rol, aunque tiene mala accesibilidad y su entorno no fue concebido para absorber grandes convocatorias. Cada espectáculo implica vecinos que sufren el impacto del alto tránsito, autos estacionados hasta diez cuadras a la redonda y un caos peatonal que desborda la zona.
El espacio de convenciones DUAM, en pleno acceso al Aeropuerto Internacional de Neuquén, donde cada dos años se realiza la Argentina Oil & Gas Patagonia, concentra hasta 20.000 personas en tres días. Sin embargo, la infraestructura circundante queda chica frente a esa magnitud: acceso al aeropuerto colapsado, calles saturadas, vehículos estacionados a decenas de cuadras y automotores vandalizados.
El caso más evidente es la Isla 132, donde existe un predio pensado para eventos llamado Domuyo, emplazado en un entorno natural privilegiado, pero con un acceso extremadamente complejo. Allí se realiza la Fiesta Nacional de la Confluencia, que en sus últimas ediciones superó los 1,4 millones de asistentes acumulados durante varios días, con jornadas que reunieron más de 400.000 personas en una sola noche. A eso se suman cientos de puestos gastronómicos y más de doscientos expositores comerciales.
El acceso a la Isla 132 es exclusivamente por dos puentes de una sola mano y rotondas estrechas para ingresar y salir, conectando con avenidas ya cargadas de tránsito habitual y a pocos kilómetros de la Av. Mosconi (ex Ruta Nacional 22).
El impacto en los vecinos es evidente. Es común ver vehículos encadenados ante el miedo a los robos y más de 20 cuadras a la redonda completamente colapsadas.
Sin ir más lejos, el último evento, atravesado por un temporal que obligó a suspender espectáculos al aire libre ante una multitud, dejó una advertencia clara. Se levantó un viento con ráfagas que superaron los 70 km por hora y fue necesario evacuar a miles de personas, generando momentos de tensión. Afortunadamente, no terminó en tragedia.
Por eso celebro la decisión política y la participación de inversores privados que entendieron lo que la ciudad necesita. El crecimiento económico y demográfico asociado a Vaca Muerta exige infraestructura moderna, cubierta, segura y planificada. No podemos depender del clima ni improvisar accesos cuando llegan miles de visitantes.
La clave estará en el “cómo” y el “dónde”. La ubicación será determinante: accesos amplios, estacionamientos suficientes, transporte público reforzado, sectores diferenciados para taxis y aplicaciones, corredores peatonales seguros y un diseño que minimice el impacto en barrios residenciales.
Si se ejecuta con planificación real, el Neuquén Arena no será solo un estadio. Será una señal de madurez urbana. Un paso hacia una ciudad que acompaña el crecimiento de Vaca Muerta con infraestructura a la altura de su protagonismo internacional.
Celebro la iniciativa. Vaca Muerta ya nos puso en el mapa del mundo. Ahora nos toca demostrar que sabemos planificar el crecimiento que generamos.
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