Por Darío Hernán Irigaray
Director Vaca Muerta News
El reciente acuerdo entre Neuquén y Santa Fe para promover la llegada de empresas industriales vinculadas a Vaca Muerta vuelve a poner sobre la mesa una discusión más profunda sobre el rol del Estado en la economía. El gobernador Rolando Figueroa presentó la iniciativa como una forma de complementar capacidades productivas entre provincias y generar nuevas oportunidades de crecimiento.
La propuesta puede sonar razonable a simple vista. Sin embargo, también abre una pregunta más incómoda: ¿Hasta qué punto el desarrollo económico puede organizarse desde el poder político?
El progreso no nace de acuerdos políticos
Con frecuencia se parte de una premisa equivocada: que el crecimiento económico surge de convenios institucionales, mesas sectoriales o planes diseñados por funcionarios.
La experiencia económica muestra otra cosa. El progreso rara vez nace de decisiones tomadas en un despacho. Aparece cuando las personas tienen la libertad de emprender, invertir, producir y comerciar sin interferencias constantes.
Es en ese proceso abierto donde miles de decisiones individuales terminan generando coordinación, innovación y crecimiento.
El verdadero debate: producir en Neuquén
La discusión que se abre con el acuerdo con Santa Fe no debería centrarse en la llegada de empresas de otras provincias. Las empresas de Santa Fe, como las de cualquier lugar del país, tienen todo el derecho de venir, invertir y competir en Vaca Muerta.
El punto clave es otro: en qué condiciones compiten las empresas que ya están instaladas en Neuquén.
Muchos empresarios locales señalan desde hace tiempo que producir en la provincia implica enfrentar costos elevados en distintos frentes: la energía eléctrica más cara de la Argentina, presión fiscal significativa, impuesto al sello, tasas municipales, licencias comerciales exorbitantes —en ocasiones hasta diez veces más altas que en municipios de provincias lindantes—, tasa vial y una estructura burocrática que muchas veces ralentiza la actividad económica.
En ese contexto, la pregunta inevitable es si el problema de fondo es la falta de acuerdos empresariales o la falta de competitividad del entorno productivo.
Los incentivos de Invierta Neuquén
El programa provincial Invierta Neuquén aparece justamente como una herramienta para atraer nuevas inversiones mediante beneficios impositivos, estabilidad fiscal y distintos incentivos económicos.
La intención es clara: generar condiciones más atractivas para que empresas de distintos sectores decidan instalar proyectos productivos en la provincia.
Sin embargo, estos regímenes también abren una discusión inevitable. Cuando se crean incentivos especiales para atraer inversiones nuevas, surge la pregunta sobre qué ocurre con las empresas que ya operan en el territorio y que desde hace años conviven con una estructura de costos más alta.
Competir en Vaca Muerta hoy exige otra discusión
Hoy Vaca Muerta exige cada vez más eficiencia, más competitividad y mejores costos. Ya no se trata solamente de producir más, sino de hacerlo con estándares que empiezan a compararse con mercados internacionales.
En ese escenario, el problema no es la llegada de empresas de otras provincias. La competencia siempre es saludable. El punto es que esa competencia debería darse en condiciones equilibradas.
Hoy ese debate prácticamente no está sobre la mesa.
Mientras el gobierno impulsa acuerdos institucionales, invita empresas de otras provincias y promueve programas como Invierta Neuquén para atraer inversiones, sigue pendiente una discusión mucho más básica: cómo reducir los costos estructurales que enfrentan las empresas que ya producen en la provincia.
Porque en la práctica puede ocurrir algo paradójico.
Una empresa metalmecánica local, que paga energía cara, presión fiscal elevada y licencias comerciales costosas, termina compitiendo con empresas que llegan desde otras provincias con estructuras de costos más bajas o con beneficios promocionales para instalarse.
El resultado puede ser una competencia desigual entre quienes ya están en el territorio y quienes aterrizan aprovechando incentivos o estructuras productivas desarrolladas en otras regiones.
Una oportunidad que exige reglas claras
Vaca Muerta representa una de las mayores oportunidades económicas de la Argentina en las próximas décadas.
Pero esa oportunidad difícilmente se consolide únicamente con acuerdos políticos o programas promocionales. El verdadero desafío pasa por otro lado: construir un entorno competitivo donde producir sea viable para todos.
Reducir costos estructurales, simplificar regulaciones y aliviar la presión sobre quienes ya invierten y generan actividad en la provincia.
Porque atraer nuevas empresas puede ser positivo. Pero si al mismo tiempo no se logra quitar presión a las empresas locales, el riesgo es que el crecimiento de Vaca Muerta termine construyéndose sobre una competencia desigual.
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